FLAMENCO ELÉCTRICO (Y 2)

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A lo largo del tiempo, las diversas músicas que, en esencia, provienen todas de un tronco común, nacen, se desarrollan y, finalmente mueren o se estabilizan.
Así ha venido pasando siempre y el tiempo, además, ha aplicado un poderosísimo filtro que ha permitido que unos músicos y su obra hayan permanecido y otros hayan pasado al olvido cuando no desaparecido.
Ello no quiere decir que el proceso sea justo. Solo que es inevitable.
De vez en cuando, afortunadamente, se producen recuperaciones que nos permiten disfrutar de algo de lo que hubiera quedado sepultado por razones que pueden no tener nada que ver con la calidad del producto.
Como hemos mantenido a lo largo de estas páginas, en el terreno de la música pop y rock, la progresiva toma del poder por parte de la industria ha controlado la difusión de esta música de manera crecientemente abusiva, marginando lo que no le interesa y potenciando hasta la náusea lo que le conviente, para luego darle carpetazo cuando corresponda.
Desde luego que hay numerosas y notables excepciones, algunas con un gran impacto popular, pero el presente y el futuro próximo sigue y seguirá dominado por esta maquinaria implacable.
Algunas músicas alcanzaron su madurez y mantienen niveles de vigencia importantes, sobre todo en terrenos no mayoritarios. Este podría ser el caso de la llamada música clásica.
Otras músicas no han tenido el mismo destino. A nuestros efectos, nos interesan dos: el jazz y el flamenco.

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Aparentemente, ambas han alcanzado su madurez y lo que en tiempos no muy lejanos formaba parte de una actualidad razonable se va convirtiendo, cada vez más, en músicas minoritarias, solo vigentes en el ámbito de los adeptos.
Ha habido intentos de recuperar parte del terreno perdido. Por ejemplo con lo que se llamó fusión. Que en general era un intento de ampliar el territorio a través de las fronteras con otras músicas y que pudo dar resultados tan notables como efímeros.
Es posible que la aplicación de lo eléctrico e incluso lo electrónico al flamenco pueda tener que ver con este proceso. Un intento de infiltrarse en músicas vecinas y más exitosas con el fin de mantener algún nivel de vigencia.
Como sucede con el jazz, ha habido y hay resultados muy interesantes y que dotan de repentino vigor a estos estilos.
Pero parece que se trata más bien de momentos puntuales y que lo que les espera a estas músicas es mantener la vigencia por causa de sus seguidores más que debido a su evolución que, probablemente, ha alcanzado esa madurez que comentábamos.

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